Daniel Samper Pizano
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Recordando a los nazis
Acabo de volver de Auschwitz, el campo de concentración y exterminio que montaron los nazis en Polonia entre 1940 y 1945, no lejos del pueblo natal de Juan Pablo II. Aún siento vergüenza de pertenecer al mismo género zoológico de aquellos bárbaros tan educados, tan patriotas y tan impecables que sacrificaron en sus hornos crematorios a 900.000 adultos y 200.000 niños. La inmensa mayoría eran judíos. Pero también murieron soviéticos, polacos católicos, gitanos y gente rara: homosexuales, cojos, enanos... A los vivos les quitaban monedas y zapatos; a los muertos les cortaban el pelo para fabricar alfombras y les extraían las muelas para aprovechar las calzas de oro.
Se cumplen 65 años del momento en que los aliados se enteraron con certeza del holocausto. En junio de 1944, la BBC y el New York Times difundieron informes sobre la masacre cotidiana en Auschwitz. Hay quien no puede oír y hay quien no quiere oír. Hasta hoy se debate si las potencias occidentales no quisieron o no pudieron escuchar los gritos que salían de los hornos crematorios. Algunos historiadores afirman que la prelación era ganar la guerra y toda acción distinta distraía ese propósito central del cual derivaban los demás. Pero otros sostienen que habría bastado con bombardear algunas líneas férreas y algunas chimeneas para salvar a cientos de miles de inocentes que perecieron en los siguientes siete meses.
Procuro pensar que aquello es pretérito, que ocurrió hace más de medio siglo. Pero, al leer la prensa colombiana, revivo el pasado en presente y siento que Auschwitz ha generado pequeñas metástasis en nuestro país; finalmente, el ser humano contiene (también) malos materiales: perversión, empecinamiento, amnesia, vanidad... Y casi siempre considera culpables a las víctimas.
¿Qué tan lejos está Auschwitz? El informe sobre ejecuciones extrajudiciales en Colombia del profesor Philip Alston, experto de la ONU, refiere que se han producido en los últimos años matanzas "de manera más o menos sistemática" adelantadas por "una cantidad significativa de elementos del Ejército". La más conocida es la de unos jóvenes de Soacha asesinados y presentados como guerrilleros, para ganar bonificaciones de cuartel. Pero hay muchas más. Alston menciona otras "muy similares" en 13 departamentos, de Cesar al Putumayo.
¿Qué tan lejos está Auschwitz? Los nazis aplicaron términos neutrales a sus infames actuaciones. Llamaron "Solución final" a la liquidación de 6 millones de judíos y "Reubicación", al traslado para exterminio. Alston advierte que la cómoda expresión 'falsos positivos' "brinda una suerte de aura técnica para describir una práctica que se caracterizaría mejor como el asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio".
¿Qué tan lejos está Auschwitz? Los paramilitares alzaron hornos crematorios en el Catatumbo para borrar todo vestigio de sus víctimas; al mismo tiempo, horrorizan las imágenes degradantes de las alambradas de púas tras las cuales se hacinan cientos de rehenes de las Farc.
¿Qué tan lejos está Auschwitz? Adolf Hitler se sometió siempre al veredicto de las urnas y urdió finos tejemanejes políticos. Unas veces perdió y otras ganó. Fue, en ese sentido, un demócrata ejemplar. En 1933 conquistó la Cancillería y, una vez allí, se perpetuó con su apuesta de dominar Europa, que desató la II Guerra Mundial. Lo apoyaban grandes capitalistas, que se lucraron luego con el trabajo forzado de judíos y prisioneros de guerra.
Espero que una monstruosidad como el nazismo no se repita nunca y en ningún grado. Para ello hay que saber oír y actuar a tiempo. El panorama de violencia y corrupción de la Colombia actual merece mucha más atención de la que recibe, asordinada por la bulla de las encuestas y la politiquería. ¿Qué tan lejos está Auschwitz?
cambalache@mail.ddnet.es
Daniel Samper Pizano
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